domingo, 12 de febrero de 2012

ESTUDIOS CULTURALES ANTE LA CRISIS CIVILIZATORIA Prof. Jesús Puerta


ESTUDIOS CULTURALES ANTE LA CRISIS CIVILIZATORIA

Jesús Puerta



 ¿Por qué la Unidad de Estudios Culturales promueve un evento de discusión sobre la crisis mundial, la crisis civilizatoria lo hemos llamado, en estos momentos?

 Hay una razón obvia y otras digamos colaterales. La crisis mundial, que caracterizamos como civilizatoria, nos afecta a todos y más allá de nosotros, a nuestros descendientes. Eso es evidente. Está allí, en los titulares de los medios: guerras, economía, inseguridad, desastres, calentamiento global, accidentes nucleares. Nos enteramos de los nuevos espacios de los conflictos y la agudización de las guerras más allá de los sitios ya “tradicionales”: Medio Oriente, Libia, los países árabes. Las manifestaciones de protesta masivas arrecian en los países industrializados de Europa y en los propios Estados Unidos. La crisis esta allí en las calles de las principales ciudades del mundo, en las naciones en guerra, en el mercado mundial: en todo el mundo. La Crisis se halla ahora en los centros. Ya en los noventa recorrió las prometedoras industrias tecnológicas, luego Japón, los Tigres asiáticos, ahora está al borde de la quiebra Europa. En Estados Unidos aumenta la pobreza. Hay una profunda recesión. El neoliberalismo como ideología global, ha estallado con la crisis. La cuestión es que la alternativa debemos construirla todos nosotros.

 A la “Guerra Fría”, que fue en realidad una Tercera Guerra Mundial, sucedió esta cuarta Guerra Mundial, a veces justificada por la supuesta “guerra al terrorismo”, o hasta por unos “Derechos Humanos”, un cada vez más peligroso y agresivo intervencionismo global, con la bendición de la ONU y la acción abierta de la OTAN, en fin: guerras imperiales "legitimadas" por organismos internacionales.

 En el ínterin han surgido varias propuestas de descripción y explicación de las  realidades post-guerra fría: la dialéctica entre el Imperio y la multitud, según Negri; la vieja teoría del imperialismo de Lenin, que aún sigue explicando muchas cosas. La tesis del Sistema-mundo capitalista en decadencia de Imanuel Wallerstein y la perspectiva que aportan los estudios postcoloniales acerca del vínculo orgánico entre la Modernidad y la Colonialidad.

 ¿Cómo explicar la crisis? ¿Es otra crisis cíclica que anuncia una mutación del sistema, y nada más? ¿Es la crisis orgánica, final, del capitalismo? ¿Es la civilización occidental misma, globalizada, la que está en crisis? ¿La explica la decadencia de la onda Kondratiev? Hay un reacomodo del sistema capitalista. Se habla de “potencias emergentes”. ¿Será verdad que asistimos a la caída del imperio norteamericano como aprecian varios autores, entre ellos Wallerstein? ¿O se trata, en la tradición leninista, de un nuevo reparto imperialista del mundo con sus correspondientes guerras y desórdenes y quizás revoluciones?

  Se ha evidenciado igual el poder de la gran economía ilícita: el narcotráfico, el tráfico de armas y personas, de órganos humanos. Un gran poder global está jugando activamente en la descomposición elevada a una nueva potencia. Ya no se trata únicamente de la disipación de todos los valores tradicionales, la desintegración social, la pérdida de los valores de convivencia, la "disipación de lo sólido", que anunciaba Marx en el Manifiesto, como efecto del frío interés capitalista y desquiciaba las relaciones sociales; sino la sustantivación del Mal en fuerzas concretas.
 Por otro lado, el poder mundial se halla disputado en la cultura. Hay un resurgir de la importancia política y bélica de las creencias religiosas. Por otro lado, la industria cultural e ideológica global adquiere ramificaciones "espirituales" con la escalada de sectas nuevas. Hay intentos de reafirmar la heterogeneidad cultural, se lucha por la identidad cultural. Se consiguen en el camino de la lucha múltiples formas de particularismos: los que tienen la misma base cultural (feminismos, diversidad sexual, discapacitados), los de diferentes bases civilizacionales (la emergencia del Islam, la previsible insurgencia de la cultura china) y los de la reivindicación de las tradiciones étnicas (indígenas  de la Abya Yalá). Al mismo tiempo, asistimos a una licuefacción de las identidades en las identificaciones propuestas por el mercado y las múltiples formas de agrupamiento social. Para autores como Maffesoli, la cohesión social se hace efímera y basada en un “sentimiento”; hay tribus y masas. Los movimientos migratorios crean nuevos problemas de identidad y de formas de estar en el mundo. Agreguemos a los nómadas que buscan su arraigo mediante las tecnologías globales de comunicación.

 Este es también un tiempo de grandes cambios políticos, la emergencia de una “Nueva Izquierda” en Latinoamérica que ha reavivado la esperanza en nuestros pueblos. Insurgen los movimientos masivos, los estudiantes, en Chile y otros países que aplicaron la receta neoliberal hasta el final. El neoliberalismo ha fracasado y ya es evidente.

 En el mundo, las potencias dominantes han hecho uso de los Derechos Humanos como justificación del más criminal de los intervencionismos: la peor paradoja: bombardeos contra civiles para proteger a civiles. El mundo es ahora mucho más inseguro, cruel, sangriento, mortal. Mientras tanto, en nuestra vida cotidiana hay incertidumbre, angustia, desesperanza, inseguridad, desencanto, impotencia.

  Esto no es nuevo. Los Derechos Humanos tienen una intrínseca ambigüedad. Por un lado son el “programa mínimo” para lograr cierta tolerancia, cierto respeto hacia lo que le corresponde a todo ser humano en medio del caos violento en que vivimos. Por el otro, son la justificación ideológica de la supuesta superioridad de la cultura occidental, de sus modelos políticos y económicos. Los usos manipulatorios e ideológicos que justifican intervenciones y guerras se explican también  por la oposición entre sus significados y sus sentidos. Entendemos por sus significados, la semántica que va depositándose en la cultura global, los auditorios “trascendentes” de Perelmann, aquellos que reciben el discurso y lo interpretan a su favor, apropiándoselos. Como el caso irónico de los negros de Haití en el siglo XIX, que intentaron aplicar los derechos humanos a sí mismos, con la consiguiente respuesta feroz del Imperio francés.
 Derechos Humanos basados en la tradición moderna occidental de la “filosofías del sujeto”, a partir de Descartes y Locke y el liberalismo en general. El Hombre de los Derechos Humanos es el Hombre abstracto, el ciudadano, el doble ideal del hombre egoísta liberal burgués. Deleuze lo llama “el idiota”, en el sentido griego del individuo que se ocupa exclusivamente de sus propios asuntos. El Sujeto moderno es el negociante: se rige por la ética del contrato. Y el Liberalismo ético llega hasta donde llega el egoísmo del agente económico, con sus dilemas del prisionero, el máximo de racionalidad popperiana o el mínimo de razón cartesiana, que equivale a la ética de la habilidad y la prudencia, que aún no es moral para Kant. Es decir la ética utilitaria y pragmática que es el ambiente ideológico del capitalismo global.
 
 Decimos que los Derechos Humanos es el “programa mínimo” de la Humanidad, entre otras cosas, porque sus violaciones son flagrantes por los mismos que dicen defenderlos. Son, entre otras cosas, la base de las declaraciones de respeto a la "diversidad cultural", hechas por la UNESCO sólo después de tantos genocidios, epistemicidios y culturicidios. A la multiculturalidad contribuyó el Relativismo antropológico que corresponde, a su vez, al reconocimiento de luchas anticoloniales de postguerra. El Multiculturalismo actual en Europa fue la respuesta política a la explosión de fundamentalismos y racismos reactivos (choque de civilizaciones, después de derrumbe muro de Berlín). Pluriculturalidad de facto: inmigrantes, coexistencia de etnias y culturas en el mismo territorio. La Declaración de diversidad cultural de la Unesco en 2002 llega hasta la tolerancia y la protección estatal, el reconocimiento del derecho humano a la propia cultura. Cierto que hay varios grados de multiculturalismo: tolerancia liberal, protección estatal y social, incorporación de derechos consuetudinarios, federalismo jurídico y autonomía en contextos nacional-estatales. Experiencias nuevas y progresivas de multiculturalidad las encontramos en las constituciones de Venezuela, Ecuador y Bolivia, éstas dos últimas llegan a reconocerle derechos a la Naturaleza misma, inspirados en los aportes de las culturas étnicas americanas ancestrales.
 
 Desde su génesis histórica se nota el conflicto intrínseco entre el significado y el sentido de los DDHH, entre el plano de la semántica de los sistemas de pensamiento y la pragmática de las enunciaciones circunstanciales y su uso ideológico. Desde su planteo original en EEUU, coexistiendo con esclavitud. Pasando por su Uso político y militar contra el socialismo real en el siglo XX. Hoy, como ya vimos, los DDHH se usan para el más brutal intervencionismo y crímenes (ejemplo Gadafy).

  Pero la multiculturalidad es sólo el mínimo ¿Podríamos aspirar a algo mejor? ¿La interculturalidad, la transculturalidad? Todas las concepciones basadas exclusivamente en el diálogo racional, tienen un sustrato moderno occidental. Mal podría ser la base de lo intercultural. Más bien, podríamos pensar en la transculturalidad como una  posibilidad de convivencia respetuosa entre las culturas y la paz mundial.
 La hibridez de las culturas nos ha llamado la atención acerca del efecto de la mercantilización de los bienes culturales en el proceso de intercambio intercultural, no tanto por la vía del diálogo, sino por la de la disolución de las fronteras estancas entre las culturas industrializadas, las populares tradicionales y la llamada “alta cultura” académica. Pero la lógica del mercado termina por reforzar las asimetrías sociales, las viejas dominaciones ideológicas y políticas. Y con ello, sólo desplaza a un plano de capitalización de los bienes culturales, a una industrialización cultural más absorbente, que reproduce las mismas relaciones de dominación. Esa aparente interculturalidad del mercado pasa por alto los profundos conflictos, no sólo interculturales, sino también intra culturales, de cuya comunicación depende la posibilidad de una transculturalidad. 
 Hay un mínimo de interculturalidad factible a través de los pactos y el principio de la hospitalidad, presente en todas las culturas. Por supuesto que reconocemos la necesidad de la tolerancia, el respeto mutuo, la consideración humana y hasta del afecto. Ese es el  programa mínimo de la multi y la interculturalidad. La transculturalidad parte del reconocimiento de las contradicciones intra culturales en las cuales se juega la condición humana y la supervivencia de la especie. En esta discusión están convocados filósofos, científicos, todos los pueblos, las religiones. No se trata sólo de diálogos. Hay muchos conflictos por los cuales atravesar, hasta hacer resaltar aquello que de las diversas culturas pueda colocarse en la perspectiva de la paz, la convivencia, el respeto, la hospitalidad, el cuido de nuestro Hogar común: el planeta Tierra. Además de conflictos, hay misticismos, experiencias extremas, que entran en juego.
 

 Y en estos momentos ¿qué es de la academia? ¿Y las ciencias?


 Las ciencias sociales, desde los 80, en parte por el ambiente de la década infame de los 80, la ilusión del "fin de la historia" de los 90, la imposición de las políticas y de la ideología neoliberal que impugnó la noción misma de "sociedad", se dirigió a lo micro: a la cotidianidad, lo discursivo y "subjetivo"; se abandonó la "gran teoría" (Marx, Weber, Durkheim). A todo esto se le llamó la "crisis de paradigmas", que fue lo característico del “ambiente postmoderno”.
 La economía se matematizó. Por un lado fue a lo miccro, la empresa y los individuos, a través del individualismo metodológico, o intentó extenderse a otros objetos a través del estudio de la racionalidad humana en los más variados contezxtos: la elección racional den el funcionamiento del estado y la aplicación de las políticas públicas. Las Modas proliferaron: fenomenología, Nueva Era, contactos entre misticismo y física (Chopra), apología de las TICs. Flujos de mercado, superficialidad, trivialización: industria cultural. Luego se comenzó a apreciar la opción del pensamiento complejo. Se miró hacia la tradicional rival del positivismo ya muerto: hermenéutica. 

¿Por qué entonces los Estudios Culturales?
 Hemos observado un crecimiento de los programas de postgrado en Estudios Culturales en América Latina en los últimos años. En Argentina, México, Chile, Colombia, Perú hay estos programas. Ya existe una red de Estudios Culturales bajo el fomento de CLACSO. Todo esto, en medio del debate y las impugnaciones, algunas muy fuertes, como la de Carlos Reynoso. Otras más bien enriquecedoras como la de Daniel Mato. En todo caso, se han dibujado los rasgos característicos de los Estudios Culturales: su énfasis en el encuentro temático de los ejes de la cultura, el poder y la economía; la asunción de la inter y la transdisciplinariedad; la conciencia del significado político de todo conocimiento; la atención a objetos de observación propios: industria cultural, los medios, identidad, cotidianidad, TICs, la modernidad y la modernización, el arte y la cultura popular, los efectos de la globalización y la mundialización en los fenómenos de encuentros y conflictos interculturales, la perspectiva transcultural. 
 Pienso que la concepción de la cultura que más se acomoda a los Estudios Culturales es aquella noción semiótica que equipara las Ideas con los signos; y establece un signo de equivalencia entre el pensamiento, el lenguaje, y el diálogo situado. Para decirlo en términos de autores, la cadena Marx, Vigotski, Bajtin, Pierce, Eco, Jameson, Gramsci. Esa alianza no deja bien parada la separación de las disciplinas humanas. Ni siquiera a su separación de las ciencias naturales. Aquí se expresa ese "deseo de un nuevo bloque" de luchas sociales del que habló Fred Jameson: género, etnia, clase. Los movimientos sociales en todas partes del mundo han tenido que recurrir a sus tradiciones populares de lucha, como ya ha pasado en América Latina y en todas partes, en una nueva confluencia transcultural, donde tienen su espacio Luther King, John Lennon, los próceres de la independencia latinoamericana, empezando por Bolívar, las tradiciones internacionales de lucha del movimiento de los trabajadores, de las mujeres, de los pueblos aborígenes.  Tal vez la tesis de la Democracia radical, planteada por Ernesto  Laclau, como la forja de una nueva hegemonía por la vía de la equivalencia de las demandas de una heterogeneidad social a través de ciertos “significantes flotantes”, en una realidad caótica e impredecible. Se trata, en todo caso, del encuentro de lo micro y lo macro. Todos estos han sido temas de los EC desde los 90 y los inicios del siglo XXI.


 El objeto de estudio "crisis civilizatoria" nos viene a los EC, por el impacto de la actualidad, las advertencias ecologistas y de los límites del crecimiento (alusión a "colapso" y REC 4), los cambios políticos globales y latinoamericanos aludidos. Se trata de una crisis de crecimiento en los mismos Estudios Culturales, que antes no veía cómo se conectaban todos estos temas.
 El objeto de estudio “crisis civilizatoria” está exigiendo plantear nuevos lemas y dilemas: evidencia la necesidad del Retorno y reescritura de la "gran teoría": la reinterpretación hermenéutica y compleja del marxismo, la crítica del psicoanálisis hecha por Bajtin y los suyos, al lado de la consideración de la izquierda lacaniana, los cruces interdisciplinarios, la postmodernidad, el pensamiento crítico, el perspectivismo LA y desde la insurgencia de las "víctimas" (Dussel) y la ética de racionalidad vital (Hinkelammert). 


 ¿Cómo pensar la crisis actual? Multidimensional, compleja, global. Hemos legado a los Límites del crecimiento de esta civilización. Estamos al borde del colapso. Estamos experimentando la Venganza de Gaia. Se agudiza la contradicción entre Lo Nuevo y lo Viejo, y no siempre la salida está en lo Nuevo. La Revolución ha de ser repensada con otros conceptos: la reconfiguración, la morfogénesis. Los nuevos agentes de cambio civilizatorio habría que repensarlos desde una combinación sobredeterminada de


 a) la multitud constituyente de Negri,


b) el imaginario creativo de Castoriadis,


c) el (los) pueblo (s); etnias   


d) la falta constituyente del sujeto: el objeto a y los “significantes flotantes” de los izquierdistas lacanianos;
 

e) la interculturalidad y la transculturalidad


F) el nuevo bloque histórico: clase-etnia-género


  Estas propuestas teóricas habría que convocarlas y confrontarlas para responder a una pregunta crucial ¿A quién y a cuántos les interesa el cambio y con cuánta consecuencia y perspectivas? ¿Cuáles son las fuerzas y los sentidos del cambio civilizacional? ¿Qué alternativas podemos vislumbrar?
  

 Discutir la crisis civilizatoria desde los Estudios Culturales en la UC, implica una contextualización adicional que nos reenvía al tema de la transformación universitaria. Preguntar por ejemplo ¿cuál ha sido y es el lugar de las ciencias humanas en la UC? Estamos hablando de una institución surgida con una vocación industrialista, adecuada a unos planes industrializadores dependientes de la región  valenciana en la década de los 60, sin carreras humanísticas, departamentos dispersos y en el mismo proceso declinante del pensamiento por onda "gerencial", trivialización y sectarismo empobrecedor, depreciación de la profesión académica. 
  Ya he dicho en otras oportunidades que los Estudios Culturales en la UC fueron una táctica para la apertura de nuevos espacios inter y transdisciplinarios para el examen de temas como este de la crisis. A ello también atiende la iniciativa de la creación de la Red doctoral. 


¿Somos pocos pero con calidad? Quizás. 


Programa. Los aspectos de la crisis: innumerables, inabarcables, incompletud del saber. Los q abordaremos: política, económica, género, ecológica, movimientos sociales. Videoconferencia. Nueva línea? Ojalá sea inter-doctoral.     


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